Si observas que tu bebé duerme con la boca abierta, generalmente se debe a que existe alguna obstrucción en las vías respiratorias superiores. Al no poder coger el aire por la nariz con normalidad, el cuerpo utiliza la boca como una vía de emergencia y compensación para garantizar la entrada de oxígeno.
Como médicos y enfermeras escolares es habitual que las familias nos expresen preocupación sobre los hábitos de sueño de sus hijos. Hay que tener en cuenta que, fisiológicamente, los recién nacidos y los bebés deberían respirar de forma exclusiva por la nariz.
Causas más comunes de la respiración oral en bebés
Cuando un bebé duerme con la boca abierta de forma recurrente, suele deberse a alguno de estos factores:
- Congestión nasal: es la causa más frecuente y transitoria. Los resfriados comunes o la simple acumulación de moco bloquean rápidamente las pequeñas fosas nasales del bebé.
- Hipertrofia de adenoides o amígdalas: un tamaño mayor de lo normal en las vegetaciones o en las amígdalas puede estrechar el conducto y bloquear el paso del aire.
- Alergias ambientales: la rinitis alérgica inflama la mucosa nasal, reduciendo el espacio para que el aire pueda circular de forma correcta.
- Factores anatómicos: ciertas particularidades estructurales, como una desviación del tabique nasal o la presencia de un frenillo lingual corto, pueden favorecer que la boca se abra durante el sueño.
¿Supone un problema para el bebé respirar por la boca?
La nariz cumple funciones vitales en el organismo: calienta, humidifica y filtra el aire de patógenos antes de que llegue a los pulmones. Al respirar por la boca, todos estos mecanismos de protección se pierden. Mantener una respiración oral sostenida en el tiempo acarrea una serie de problemas para el bebé:
- Alteraciones maxilofaciales: mantener de manera continuada la boca abierta y la posición baja de la lengua pueden llegar a modificar el crecimiento de los huesos de la cara, provocando un paladar ojival (más estrecho y alto de lo normal) o maloclusiones dentales en el futuro.
- Mayor riesgo de infecciones: al entrar el aire frío, seco y sin filtrar directamente por la cavidad oral, aumenta la propensión a sufrir infecciones de las vías respiratorias.
- Sequedad bucal: la falta de saliva, que actúa como el protector natural de los dientes, altera la flora de la boca y eleva el riesgo de desarrollar caries.
- Mala calidad del descanso: la respiración oral es mucho menos eficiente. Esto suele provocar despertares nocturnos, derivando en un lactante más irritable y cansado durante el día.
Otros síntomas para revisar la boca del bebé
Existen otras situaciones asociadas a la respiración oral que nos indican que debemos revisar a fondo la boca y la vía aérea del pequeño:
- Ronquidos nocturnos: no es habitual que un bebé ronque de forma sonora al dormir.
- Apneas del sueño: observar pequeñas pausas en la respiración durante la noche, a menudo seguidas de un suspiro profundo o un jadeo brusco para recuperar el aire.
- Posturas inusuales al dormir: si el bebé duerme, por ejemplo, echando la cabeza muy hacia atrás, esto indica un intento instintivo de despejar y abrir las vías respiratorias.
- Exceso de babeo.
- Dificultades en la alimentación: si el bebé tiene la nariz obstruida, le costará mucho coordinar la succión, la deglución y la respiración al tomar el pecho o el biberón.
¿Cuándo consultar al pediatra?
Conviene solicitar una valoración médica si la respiración por la boca es un patrón constante y no está asociada a un simple catarro de un par de días de duración.
Especialmente, se debe acudir a consulta si el bebé realiza pausas respiratorias (apneas), presenta dificultades para alimentarse y ganar peso de forma normal, o si los ronquidos son fuertes. El pediatra podrá evaluar el estado de las vías altas e indicar los pasos a seguir para restaurar la respiración nasal.