El asma infantil es una enfermedad crónica que inflama y estrecha las vías respiratorias de los pulmones, provocando dificultad para respirar. Aunque el asma bronquial en niños puede desarrollarse a cualquier edad, la mayoría de los primeros síntomas aparecen antes de los 5 años.
Sin embargo, diagnosticarlo en bebés o niños muy pequeños (de 0 a 3 años) es complejo, ya que pueden tener problemas respiratorios con síntomas similares a causa de infecciones virales y no ser necesariamente asmáticos.
En este artículo abordaremos qué es el asma infantil y cómo afrontarlo, detallando sus causas, señales de alerta y cómo debemos actuar desde el entorno familiar y escolar ante una crisis.
Síntomas más comunes
El asma en niños puede manifestarse de forma continua o solo ante determinados desencadenantes y, como en muchas patologías, no todos los niños presentan los mismos síntomas ni con la misma intensidad. Las principales señales de alarma son:
- Sibilancias: un silbido agudo al expulsar el aire (conocidos coloquialmente como "pitos").
- Tos persistente: especialmente intensa por la noche, al reír o especialmente al realizar ejercicio físico.
- Dificultad respiratoria: sensación de falta de aire o respiración rápida.
- Dolor en el pecho: el niño se queja de que le duele el pecho o "le aprieta".
- Fatiga: cansancio inusual al jugar o hacer deporte.
Asma infantil: causas
En lo referente al asma infantil y sus causas, es importante señalar que no existe un único origen, sino una combinación de factores genéticos y ambientales:
- Predisposición genética: si hay antecedentes de asma bronquial o alergias en la familia, el riesgo de padecerla aumenta considerablemente.
- Infecciones respiratorias: la infección por virus comunes (como el rinovirus o el VRS) en la infancia temprana puede dañar los pulmones y derivar en asma bronquial.
- Factores ambientales: la exposición al humo del tabaco (fumadores pasivos), a la contaminación o a alérgenos como los ácaros del polvo, el polen o el pelo de mascotas pueden favorecer la aparición de esta patología.
¿Cómo debemos actuar?
Ver a un niño con dificultades para respirar asusta; por eso, mantener la calma y saber reaccionar es esencial. El tratamiento se basa en dos pilares: la medicación de control (preventiva) y la medicación de rescate (broncodilatadores para abrir los bronquios en situaciones agudas).
Aquí es donde cobra importancia la figura de la enfermería escolar. Los niños pasan gran parte de su día en el colegio, en él corren, juegan y se exponen a alérgenos.
Contar con un profesional sanitario en el centro garantiza:
- La administración correcta del inhalador
- Detección precoz de las crisis
- Gestión correcta de la urgencia
¿Tiene cura?
Es habitual escuchar esta pregunta: ¿el asma infantil se cura? La respuesta más sencilla es que, al tratarse de una enfermedad crónica, no tiene una cura como tal.
Sin embargo, la evolución suele ser positiva. Muchos niños experimentan una mejoría notable o incluso una remisión completa de los síntomas al llegar a la adolescencia (a medida que sus vías respiratorias crecen). No obstante, los síntomas podrían reaparecer en la edad adulta.
¿Cómo lo podemos prevenir?
Como en cualquier otra patología infantil, como la obesidad mórbida infantil, debemos centrarnos en lo que podemos cambiar. Para el asma infantil, es clave enfocarse en las siguientes medidas preventivas:
- Adherencia al tratamiento: cumplir con la medicación pautada por el pediatra, incluso cuando el niño se encuentra bien, es la mejor forma de prevenir ataques futuros.
- Controlar los alérgenos
- Vacunación: mantener al día el calendario vacunal y la vacuna de la gripe reduce complicaciones.
- Evitar el tabaco