El azúcar añadido no es bueno ni necesario para los bebés. De hecho, tanto la Organización Mundial de la Salud (OMS) como la Asociación Española de Pediatría (AEP), son claras en su recomendación: se debe evitar por completo el consumo de azúcares libres o añadidos en menores de dos años.
Como sanitarios escolares, es habitual que las familias de alumnos de la escuela infantil nos planteen dudas sobre los primeros pasos en la dieta de los más pequeños.
Razones para no dar azúcar al bebé
Introducir el azúcar de forma temprana en la dieta del bebé no aporta ningún beneficio nutricional y, sin embargo, conlleva riesgos para su desarrollo:
Alteración del desarrollo del gusto
Nacemos con una preferencia innata por los sabores dulces. Si ofrecemos a los bebés alimentos azucarados, sobreestimulamos su paladar. Esto provocará que acaben rechazando alimentos con sabores más neutros o amargos, como las verduras o el pescado, dificultando una alimentación variada.
Mayor riesgo de caries precoz
Los dientes de leche son extremadamente vulnerables. La exposición temprana al azúcar fomenta la aparición de la llamada «caries del biberón» o caries temprana de la infancia.
Problemas metabólicos a largo plazo
El consumo temprano de azúcar está directamente relacionado con un mayor riesgo de desarrollar sobrepeso, obesidad infantil y diabetes tipo 2 en el futuro.
Qué azúcares se recomiendan y cuáles no
A la hora de controlar el azúcar presente en la dieta de los pequeños, es esencial distinguir entre el azúcar perjudicial y los azúcares que el bebé sí necesita para crecer:
- Azúcares intrínsecos (recomendados): son aquellos naturalmente presentes en la matriz de los alimentos enteros. Hablamos de la fructosa de la fruta fresca a trozos (no en zumo) o la lactosa de la leche materna o de fórmula. Estos son totalmente seguros y saludables.
- Azúcares libres o añadidos (a evitar): son los que se añaden a los alimentos durante su preparación o los presentes de forma natural, pero «liberados», como en la miel, los siropes o los zumos de fruta (incluso los naturales exprimidos en casa).
Recomendaciones para la alimentación complementaria en bebés
Para establecer unos hábitos saludables durante la alimentación complementaria, te aconsejamos:
- Priorizar alimentos frescos y en su estado natural: frutas, verduras, legumbres, carnes magras y pescados.
- Ofrecer la fruta entera o chafada, nunca en forma de zumo.
- Evitar productos procesados dirigidos a bebés, ya que suelen camuflar grandes cantidades de azúcares bajo otros nombres.
- Leer bien las etiquetas de los productos y descartar aquellos que contengan sacarosa, fructosa añadida, jarabes, siropes o dextrosa.
Preguntas frecuentes
A continuación respondemos a algunas de las preguntas más frecuentes:
¿Por qué no dar azúcar antes de los 2 años?
Los primeros 24 meses son una ventana crítica en la que se establecen las preferencias gustativas y el metabolismo del niño. Evitar el azúcar previene la obesidad infantil, protege sus primeros dientes y le enseña a disfrutar del sabor real de los alimentos.
¿Qué pasa si le doy azúcar a mi bebé?
Un consumo puntual accidental no es, en ningún caso, una urgencia médica, pero si se convierte en un hábito, aumentará significativamente los riesgos mencionados.
¿Cuándo un bebé puede comer azúcar?
Las autoridades sanitarias recomiendan retrasar su introducción lo máximo posible, siempre por encima de los 2 años. A partir de esa edad, si se consume, debe ser de forma muy ocasional y sin superar el 5% de la ingesta calórica diaria recomendada por la OMS.
¿Cuáles son los efectos a largo plazo del azúcar en los bebés?
Los estudios asocian la ingesta temprana de azúcar con un mayor riesgo en la edad adulta de padecer obesidad, enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 y una peor relación psicológica con la comida.